Poemas desde la India

Elsa Cross: Tres Poemas Regresar

ELSA CROSS: POEMAS DESDE LA INDIA

Cinco poemas de fuego

La poesía de Elsa Cross ha mantenido una constante: la búsqueda del equilibrio entre la emoción y el material elegido como sustento poético. Así, no son extraños los poemas en que una especial carga erudita retuerce el significado hasta ensombrecerlo; tampoco aquellos en los que la emoción se decanta de tal manera que la forma se vuelve delicadamente surtidora de imágenes que convocan a todos los elementos de la inteligencia. Tal ocurre en el brevísimo poemario Poemas desde la India. Es éste una constancia de las obsesiones y preferencias de la autora. Y es, también, una puesta en tensión de uno de los conceptos que han simbolizado la vida y la pasión, la creación y la destrucción: el fuego.

Así es. En este brevísimo libro (de hecho, son cinco poemas más o menos largos) Elsa Cross recurre a sus constantes. Y ahora, además, comienza a configurar una especie de poética a partir del fuego y sus manifestaciones. Es cierto, no llega a erigirse como una poética en estricto sentido, pero se sientan las bases para un desarrollo conceptual con infinitas posibilidades. De este modo, las variantes formales y semánticas del fuego --lumbre, llama, flama, calor--, van conformando un discurso poético en el que la contemplación y el amor encuentran su cauce en la insignia del fuego.

Los Poemas desde la India son el registro minucioso de alguien que sabe que los viajes adquieren sentido cuando se posee el don de alertar los sentidos y la inteligencia. Así, los lugares adquieren nueva vitalidad y las palabras se cargan de experiencias compartibles. Por eso las posibilidades del fuego, como en el primer poema, en el que Elsa Cross anuncia su disposición para recibir los avantares de uno de los elementos preferidos por la alquimia: “Me vuelvo, / deteniendo la mirada/ en llamas que se congregan y disipan. / La impronta que asalta los sueños/ sigue roja y negra/ en la cresta del fuego.” En última instancia el fuego siempre es salvador, siempre ofrece una oportunidad para reconocerse, para mirarse en un espejo menos cruel “como el último de los ebrios/ sentados alrededor de una lumbre”.

Y la contemplación es otra forma de compromiso. Sobre todo, cuando el crepúsculo llega a ser otra cara del sueño. Entonces los efectos del fuego dejan ver la huella de su poderío: “Humo manchando el crepúsculo amarillo. / Hogueras, hogueras, / ofrendas a la noche, / borran tras la planicie cerros amurallados. / El pasaje se abre a los lejos. En sueños me vi entre las llamas/ al pie del fuerte.” Es entonces cuando la imagen es capturada y entregada con un brillo especial: el fuego cumplió su cometido. Por eso, quizás, cualquier inicio se celebra de un modo particular: “En el pueblo reciben el año/ bordeando de flamas los umbrales.”

Tal parece que lo que realmente acerca al hombre a los dioses es esta sujeción a los designios del fuego. Por eso el fuego más certero puede ser el dios que recibe la adoración para agradecer la vida: “Luz sobre los torsos de los dioses. / Se inclinan y ondulan bajo la tarde ebria. / Y una larga reflexión sobre esos cuerpos/ entrevistos en el sueño/ y su abrazo como un fuego inmaterial.” Finalmente, el río --cualquier río es la fuente de historias milenarias—recibe el homenaje del ser humano, con el fuego, como quien espera comprender algo menos rutinario de la vida: “Se van, como la ofrenda que te doy/ y se aleja flotando:/en una hoja de higuera/una llama encendida,/hebras de azafrán,/unos jazmines.”

por José Francisco Conde Ortega, "Elsa Cross: el mapa del amor y sus senderos"
Sábado, suplemento cultural de unomásuno, 24 de abril de 1993.
 

Cross, Elsa, Poemas desde la India,
Casa del Tiempo, UAM,
Margen de Poesía, 18,
México, 1993. 24 páginas