Pasaje de fuego

Elsa Cross: Tres Poemas Regresar

El ser y el corazón de India
Pasaje de fuego es un libro de transición y encuentro con la divinidad en una de sus vertientes abismales. Proceso místico de purificación donde se perciben y aceptan las decisiones irracionales de los dioses. Poema que esta vez religa a la poeta con el absoluto: “Oh vórtice ciego de la noche// perpetuando el lentísimo asombro del ser// ante su nacimiento…” El siguiente verso expresa el poder ígneo que ha alcanzado la poeta: “…sílaba ardiente// semilla // diamante // grieta de luz // Corona tocada por el rayo.” Pasaje de fuego es un libro de culto a la poesía misma que hará posible la creación de otros libros donde Elsa Cross se instalará amorosamente en el corazón de India: Baniano, libro escrito bajo el influjo de maestros espirituales del linaje Siddha Yoga; Canto malabar, colección de asombros que parecen cantados por una médium: “Y en lo oculto de lo oculto// en el fondo más secreto// veo sin parpadear la cifra que se aclara.// Mi ser se pierde en ti// y en la raíz de tu nombre se libera.” Visiones del niño Ram, pequeño libro elaborado con estampas imaginarias y milagrosas que el santo Bhagaván Nityananda vivió en su infancia: “Duermes// y en tus labios cerrados// se juntan los dos mundos”; Singladuras (Poemas desde la India), libro que, entre la intuición y los sentidos, desdobla la idea misma de la existencia: “adivinamos otras vidas latiendo en las de ahora”.

Tomado del texto:Antonio Valle, "Elsa Cross: el mapa del amor y sus senderos"
La Jornada Semanal, suplemento de La Jornada, Num: 958, domingo 14 de julio de 2013
 

Cross, Elsa Pasaje de Fuego,
Joan Boldó i Climent, España, 1987, 64 páginas 

González, Omar, "La llama en el sueño", Sábado, Suplemento cultural de unomásuno, 13 de febrero de 1988.

Fernández Espresate, Isabel "La poesía y el fuego",El Semanario, Suplemento cultural de Novedades, México, D.F., 22 de Noviembre de 1987.


De Pasaje de Fuego:
INVOCACIÓN

Por los campos desiertos,
en la eminencia de un punto
a donde acuden las aves de presa,
                                           torre de silencio,
entre piras ardientes
te he buscado.

Perros de cementerio
husmean sin prisa los recoldos,
huellas de mi paso por la tierra,
                                               ligeras,
Pues basta el aire para dispersarlas.

En la cima de los montes,
en las marcas de ceniza sobre la frente,
en mi escritura ciega,
                          que traza designios de juego,
allí te he buscado.
En el timbre agudo del silencio
a punto de romprese
                                  —las palabras.

Es tu cortejo
la noche que alzó sus lanzas
                                  contra el cielo.
Es tu morada lejos de la memoria
                                           la altura glacial.
Días cerrados para el mundo,
tiempo circular,
                         invocación.

Apareces,
Destructor,
                         el Favorable,
Terrible,
                         el Multiforme,
desde la roca inerte
                         hasta el deseo no pronunciado.
En el salto al abismo,
en el filo de hierro,
en la hora muerta del decenso,
caída,
          día de andrajos,
desapareces:
Allí donde los ojos miran
tu rostro tallado en la piedra.

Apareces
en la rueda de fuego,
el holocausto,
el néctar en la estancia de racimos de oro...

                         (Danzo a la orilla del alba,
                         mi danza muere
                                               junto al sueño.)

Desapareces.