Canto Malabar



CANTO MALABAR DE ELSA CROSS


Por Adolfo Castañón.

 

Canto malabar es un libro escrito como una profecía personal.  Describe un proceso espiritual que tuvo y tendrá lugar.  Es, en consecuencia, un viaje que comienza al atardecer y termina en la aurora, una investigación --la búsqueda de un vestigio, de un residuo y una busca, una aventura en pos del alimento.  Es también y sobre todo un canto de amor, la crónica de un viaje en pos del amor y la descripción de un territorio sagrado, el retrato en voz alta de un paisaje y de un cuerpo.  De ahí que Canto malabar sea más que un monólogo, un diálogo, el ejercicio de dos voces o mejor dicho de una voz y de un silencio.  El Canto malabar es una melodía entonada por un cuerpo de doctrina y por una geografía, una danza aérea y acuática alrededor de la atracción universal y de la afinidad no-elegida.  El canto de los cantares no está lejos de Elsa Cross; Canto malabar no ignora ni a Salomón ni a Fray Luis.  Tiene en común a la esposa que busca al amado y que se transforma en él:  alma anhelante de Dios que, al invocarlo, lo encarna.  Podría decirse sin exageración que este poema ha sido escrito por la experiencia más que con la experiencia.  Al menos, eso hace pensar la tersa nitidez de estas enumeraciones que ondulan ante nuestros ojos como árboles que bailan con el viento.

Canto malabar aparece como un libro escrito por la experiencia y capaz de manifestar sin mayor sobresalto los senderos de la vida interior porque es un libro recorrido por una unidad de timbre y de ánimo, por una certeza rítmica y metafórica que difícilmente le pueden ser concedidos a quien no ha vivido sus palabras hasta la raíz y que está consciente de lo que podríamos llamar la etimología de la palabra interior.  Esta calidad viva y vivida de Canto Malabar es tan intensa que sólo se le puede hacer justicia crítica aclarando que no sólo se trata de un libro inspirado sino también y sobre todo de un poema que tiene el poder de inspirar, la facultad de introducir dentro de nuestra mente y nuestro corazón el aliento unificador de la poesía.

En Canto malabar saludamos al poema y al poeta, a la arquitectura verbal y al arquitecto de los sueños, a la poesía como realidad materializada en una trama verbal y a la poesía como facultad de la conciencia y del despertar, como obra y como ejercicio.  Digamos por último que éste no es de ningún modo un libro escrito fuera de la historia:  precisamente el hecho de que la historia interior se manifieste como lo hace aquí es tal vez uno de los signos esperanzadores de nuestro tiempo.  En Canto malabar la espiritualidad llega a la literatura por así decirlo con los pies descalzos y la cara lavada con agua y jabón, sin aspavientos ni exóticas pirotecnias.  Llega también con la elegancia que ignora la vacilación, la salida de tono, la gesticulación o la búsqueda desbordada.  Literalmente, Canto malabar --poema inspirado en una tradición hindú pero escrito en español por una mexicana-- sabe lo que quiere y va a buscarlo con certeza y modestia en la gran tradición de la lírica espiritual castellana:

 

CANTO MALABAR

(fragmento)

                        IV
                        Dejé en la orilla mis sueños más amados.
                        todo lo que se alzaba
                        en la marea del tiempo ya vivido,
                        lo que pedía al tiempo por venir.
                        Deseos esculpidos en la roca,
                        sueños brillando como arrecifes bajo el sol,
                        sueños errando
                        en busca de un fin que desconocen.
                       
                        De cara al tiempo
                        formas excavada en la roca
                        dejaron el sedimento de las eras
                        penetrar por sus poros.
                        Mil años sumergido,
                        al receder el agua dejó sobre los cuerpos
                        sus anillos calcáreos
                        a la altura del corazón:
                        mareas en las cavernas del sentido,
                        sentimientos ahogados.

                        Filo del tiempo,
                        escoplo,
                        hizo saltar toda la roca en torno
                        dejando intacto en lo oscuro
                        un deseo anudado.
                        botón que se marchita sin abrirse,
                        hálito en la piedra que no alcanza
                        a decir
                        el impulso de fuego que lo habita,

                        si una voz no se alza entre los muros
                        y hace reverberar una escala ignorada.
                        repetida al final de centurias
                        vibra en la oreja de piedra,
                        arranca la escama endurecida.
                        Así tras de la boca de la cueva
                        silba el viento en los montes
                        arrebatando el polvo amarillo de las peñas,
                        cortezas amargas,
                        memoria de suelo sagrados...

 

Revista Los universitarios, Difusión Cultural UNAM,
México, septiembre 1989.